Si los huesos vieran la televisión
Una bandada de balas vuelan libres por toda Caracas y se anidan en entrañas de carnes vivientes. Entre un mar de gente vuelta hormiga y las metrallas que escupen silencio, un hombre lleva a cuestas un animal muerto que ha apetecido por años enteros. Con orgullo corre como nunca, esquivando la muerte en cada esquina, saltándola en los ojos entreabiertos del que pudiera ser su hijo. Asciende peldaños de brazos y barrigas caducas. La cera de la sangre es menos resbalosa al imaginar pequeñas bocas masticando, y la cumbre está cerca. En la cima un halcón de hierro le sorprende con su pico mortal, y en la impavidez por la intrusión, sus pichones se incrustan para siempre dentro de aquel hombre vencido, en el vuelo de la muerte.
Hoy salen a la luz miles de huesos olvidados del Caracazo con su exhumación de la fosa común de La Peste (para más coñazo) en el Cementerio General del Sur, en Caracas . El relato anterior fácilmente pudiera ser una de las historias que los restos óseos contarían de la masacre de aquel ocaso de Febrero si pudieran hablar. Afortunadamente para su violada dignidad, no pudieron ver en la televisión el siguiente editorial transmitido a sólo horas de empezado su proceso de descomposición.
(Esta entrada se actualizó el 24 de Septiembre para ser terminada)
Este mensaje dado por el elocuente Eladio Lares, para ese entonces presidente de RCTV, descaradamente pasa por alto lo que pudiese ser el peor genocidio cometido en Venezuela (300 a 500 víctimas en un cálculo conservador), recitando loas a la unidad nacional en un baño de barniz concertador: “Pueblo y gobierno, configurando, una vez más, un extraordinario equipo de trabajo llamado Venezuela”
Tanto la respuesta brutalmente represiva del Estado como la línea editorial de los canales privados responden al mismo interés: preservar, ya sea con la matanza o la censura, el sistema socio económico del cual ambos actores se benefician.
Un periodista debe luchar por que la expresión del pueblo se plasme en los medios, y su dignidad no sea ensombrecida. El estatismo total de los medios sería un suicidio comunicacional, como lo es el actual modelo mercantilista de medios que impera en el mundo; ellos podrán criticar ferozmente, o incluso rozar a un gobierno con su lija mediática, pero en el fondo no se meterán con el sistema, sobre él no permitirán críticas. Es más, en aras de su defensa han dado golpes de Estado al movimiento político que ose cambiar realidades sociales en profundidad.
Mejor que los huesos no vieran ese editorial. Mejor que sean rescatados desde el sótano de la negligencia del Estado, que por 20 años ha sido incapaz de impartir justicia a los culpables de la masacre del Caracazo. Mejor que sean identificados y sepultados por sus familias donde mejor y cómo les parezca. Quizás para seguir durmiendo bajo el interminable agite de ideas y pasiones que ocurre en la superficie, de la cual ellos son los primeros culpables de encender.
Enlazo aquí un muy buen artículo de ABN sobre El Carazo que recomiendo, para eso de seguir construyendo imágenes de esos desgarradores días.








