Un cuento a la educación laica

La mano sudorosa de Elías se aferra al tubito de madera mongolés. “Tonto, que el lápiz no se hizo en ninguna Mongolia, solo que así se llama la marca”; retumban en su mente las palabras sifrinas de una compañera de clase. La hoja de examen inmaculada, y Elías acomodado en su pupitre para llenarla de números tan pronto comience el esperado examen de matemáticas; era el último de este lapso, lo que lo hacía más divertido. Pero llegaron las palabras que impidieron el episodio más especial de la materia favorita de Elías, esas palabras fantasmas que de cuando en cuando se aparecen en su salón de clases: “Niños, vamos a misa. Elías, si quieres no vas”.
Eran las palabras que sobrevivieron a las grietas labiales de la maestra con el record de más clases impartidas en la escuela. Aquella viejecita lidera el cuerpo del cien pies de piernitas que ahora entra por la gran puerta de la iglesia de la cuadra. Elías entró con ellos para que no le dolieran las cosquillitas en la barriga que nacían de las miradas raras de sus compañeritos cuando quedaba sólo en su pupitre y su mongolés. “¿Y en tu Iglesia no hacen cola los que le duele la cabeza para que le den su aspirina?” le pregunta su mejor amigo a Elías mientras sus dos manos forman una sola. “En mi iglesia no hacemos eso. La aspirina me la da mi Mamá”. De repente la maestra del record dispone: “Muchachos, a comulgar. Elías …” “Si quieres no vas…” culmina en un susurro el pequeño.
En la segunda guerra ordinal, los aliados impares derrotaron al imperio de los números pares, no sin bajas que restar. Justo cuando iba a estallar la venganza, la cabeza de Elías sintonizó otro canal, el canal que había evitado por varios años de visita a esta vieja catedral; el canal del escape. Nadie vio cuando pisó la acera fuera de la iglesia. Ni tampoco escucharon cuando le ayudaba al naranjero a dar un vuelto confuso. Ni olieron el humo de los carros debajo de los semáforos cuya sincronización memorizó. Y tampoco observaron cuando contaba los cincuenta artículos de una ley que se encontró tirada y guardó en su bolsillo. De repente, una mano conocida se posó sobre su hombro. “¡Elías! ¡Le diré a tus padres lo que habéis hecho!” Elías sonríe: ”ay maestra, si usted quiere va”
Los venezolanos tenemos el reto de superar una de las tradiciones más conservadoras y antidemocráticas en nuestra educación. Es inconcebible que en los colegios se obvie las diversas corrientes de Fe, llegando en muchos casos a discriminar a las minorías. Los niños han de ser libres en sus aulas de clases, con conciencia crítica y conocimiento de las religiones en la historia universal, que es mi propuesta. La educación religiosa como se concibe actualmente, en especial la católica, es una cuestión de Poder, que antepone el derecho a educar al primordial derecho a ser educado con justicia. La religión, es como esa aspirina que da la mamá, el papá, la familia, la comunidad, la iglesia de la cuadra. La libertad llega hasta donde se amenaza otra.
Opicción escrita por Hectorfran








Pues estudié en un colegio católico donde había más de un “Elías”. Si mal no recuerdo había un mormón, un judío, un druso y dos o tres evangélicos cuyas denominaciones no recuerdo ahora. En ningún momento hubo discriminación hacia nadie, ni de parte de las maestras, ni de los frailes, ni de los mismos alumnos. Jamás estuvimos pendientes de esas necedades, éramos niños y sólo nos interesaba jugar “pelotica e’ goma” en el patio a la hora del recreo. Creo que los noventa de mi promoción somos seres humanos más o menos normales, hasta donde es posible serlo. No sé si tu cuento tenga mucho sustento en la realidad. Aún así, supongo que sea un caso que hayas escuchado. Pero no te da derecho a generalizar. Saludos.
El sustento en la realidad está en ese pequeño colegio católico esquinero donde estudié toda mi educación básica y diversificada. Allí compartíamos las aulas con un evangélico, Asbel. Y la frase “Si quieres no vas” todavía retumba dentro de mi cabeza. Creo que no le cogiste la idea al cuentico. Cuando vas a tu colegio, en el que te quedas por tus amigos y los profesores panas, y tienes la opción de salirte del salón cuando van a dar la clase de religión católica, o quedarte en él cuando sacrifican otra clase para asistir a la Iglesia, eso es discriminación. El horario escolar debe ser espacio libre de la doctrina de un solo credo religioso. Gracias por comentar y saludos.
“sacrifican”? hasta donde tengo memoria se cubría todo el programa de todas las materias. Nadie obligó a nuestros padres a inscribirnos ahí, ejercieron libremente su derecho a procurarle a sus hijos la educación que prefirieron. Derecho que ahora se pretende conculcar o hacer ver como si fuera una opción perversa y excluyente.
Y sí, de seguro no le cogí la idea al cuentico (eso de soslayar a los comentaristas llamándolos analfabetos funcionales, siempre sin perder los modales, claro, está muy visto; tal vez deberías ensayar otra cosa), disculpa. Feliz vida.
Precisamente por experiencias reales como la de mi colegio es que han salido excusas lamentables de boca de autoridades de la inglesia Venezolana, comparando a un niño de otra religión con un discapacitado para practicar la educación física, para argumentar que unos niños pueden esquivar clases “puntuales”, como escuché hace poco una declaración en la radio. Con la nueva ley no se le está pateando a curas o monjas, ni se le está confiscando el derecho de los padres a darle a sus hijos educación religiosa en un colegio. Sólo que deben hacerlo fuera del horario regular de clases.
Lamento tu actitud, a primeras arrogante, subestimando el sustento de mi escrito sin razón alguna, en vez de dejar plantada tu posición honradamente. Por eso yo busqué una: tal vez no lo entendiste.
De nuevo, gracias por comentar en este blog perdido.
Si somos sinceros, debemos reconocer que en este país sólo nos acordamos de la religión (oficial) cuando se casa o se muere alguien. De cualquier manera, creo la religión en cualquiera de sus presentaciones debe ser dejada fuera de los salones de clase, como también creo que un centro educativo tiene derecho a manifestar que se encuentra dentro de los lineamientos “morales” de alguna religión.
Cuando mueran las religiones el hombre vivirá.